Recuerdos de la larga serie Diablos-Piratas, hace 39 años

agosto 31, 2020

Por GASPAR A. LÓPEZ POVEDA

¿Los periodistas tienen “cachuchas”?, preguntó mi esposa cuando viajábamos de Campeche a Mérida, luego de una semana en la capital del vecino Estado. Me sorprendió. Les juro que no entendí la pregunta a primera instancia.

Primero pensé que era una pregunta inocente, pero luego recordé que ella pasó cinco días en un palco del Estadio “Venustiano Carranza” de Campeche con las esposas de los jugadores de los Piratas, y empecé a comprender.

Luego ella lo confirmó:

“Estuvieron hablando todo el tiempo de ‘las cachuchas’. Dijeron que son mujeres que sólo van a los estadios a buscar peloteros para pasar la noche”, me dijo.

Obvio que le respondí que “las cachuchas” nunca buscan a los periodistas, casi siempre gordos, feos y viejos. Creo que me lo creyó.

*       *     *

La estancia en Campeche fue “instructiva”. Chaac contribuyó.

A causa de la lluvia, el quinto choque de la final de la Zona Sur, que comenzó el 25 de agosto de 1981 y finalizó el 28 (aquel célebre partido de los tres días) el viaje a Campeche se extendió más de lo previsto.

Mi esposa, Nancy Mena Alcocer, siempre pensó que los viajes como enviado especial a los partidos de los Leones fuera de Yucatán eran algo así como de placer, así que el ir a Campeche a cubrir los encuentros tres, cuatro y cinco de la final de la Zona Sur, entre los Diablos Rojos de México y los Piratas, era una buena oportunidad para que conozca lo que en realidad hace un enviado especial. Hasta hoy, 39 años después, sigue sin admitir que se arrepintió de haberme acompañado, pese a que fueron varias horas de aburrimiento en el hotel por las mañanas (iba a la oficina del Diario a redactar un par de notas y parte de las notas breves que se quedaron de la noche anterior) o a la casa de algún pelotero de los Piratas o a entrevistar a algún jugador de los Diablos.

Esta foto la va a descargar Vianca Paulino: su padre, Luis Lora (Luis Marino Paulino Lora es su nombre correcto) y su amigo Franz López Mena

Y después del encuentro, ella y mi hijo a cenar y al hotel y yo a la oficina a redactar la crónica del encuentro, los vestidores de ambos equipos y una columna de breves, a transmitir el material por Télex y a identificar las fotografías. Labor prolongada y cansada que se extendía en horas de la madrugada.

A eso agregue los largos lapsos de suspensión de los encuentros causa de la lluvia.

No fue plan con maña, aclaro.

DOS “PIRATAS” DE OCASIÓN

Mi esposa, que tenía siete meses de embarazo de mi segundo hijo, y yo llevamos a Campeche a nuestro primogénito, Franz Augusto López Mena, de dos años. Franz, por cierto, sigue enamorado hasta hoy del rey de los deportes.

Yo me iba muy temprano al estadio (como deben ir los cronistas) para hacer entrevistas previas al encuentro y estar atento a todo lo que pudiera interesar a los lectores.

Por cortesía de la directiva de los Piratas, mi esposa y Franz se iban al estadio en una “guagua” que recorría varios sitios de la ciudad en busca de las esposas de los jugadores, media hora antes del choque.

Al llegar al estadio, ambos eran ubicados en uno de los palcos de las esposas de los peloteros. Nancy, quien se enteró de la vida y milagros de los jugdores, hizo buenas migas con la cónyuge de Raúl Paredes.

CABALLEROS DE QUISQUEYA

Como se sabe, dos extraordinarias personas, ambos dominicanos, dirigían a ambos equipos; Winston Llenas (Diablos) y Juan Ramón Bernhardt Coradín (Piratas). Los dos estuvieron siempre dispuestos para las entrevistas.

A Bernhardt no le gustó una historia que le hice a Ernesto Escárrega en el arranque de la serie en el Parque del Seguro Social, en la que me refería al lanzador como “El Indio”.

“Es ofensivo”, me dijo Juan Ramón, quien desconocía que ese era al mote de su serpentinero.

FOTOS CON LOS PELOTEROS

El torpedeo pirata, “Zamorita” Hernández, hace tres cosas a la vez: abraza al pequeño Franz, concede una entrevista y posa para la cámara

Las largas esperas para la reanudación de los encuentros y la facilidad que te da ser cronista, me permitieron llevar a Franz al terreno y tomarle fotografías con algunos de ellos.

Y son fotos que guardo con mucho cariño porque fueron con jugadores históricos del béisbol mexicano y, sobre todo, grandes personas, como Llenas, Ramón Arano, Félix Millán, Bernhradt, “Paquín” Estrada, Sergio “Kalimán” Robles, César Díaz, Escárrega, Jorge Luis “Zamorita” Hernández y Antonio Pulido, entre otros.

PIRATAS CON ALAS DE ÁNGELES

Los Piratas, que cayeron en esa final sureña ante los Pingos, tenían en sus filas a once peloteros que dos años antes se habían coronado con los Ángeles de Puebla que dirigió Jorge Fitch: Francisco “Paquín” Estrada, Morris Nettles, Clemente Acuña, Jorge Luis “Zamorita” Hernández, Luis Lora, los lanzadores César Díaz, Ernesto Escárrega, Fernando López, Antonio Pulido, Francisco Soto y Reynaldo Valle, además del batboy Jorge Tellaeche, quien más tarde fue coach de varios equipos.

Con esa base, dos años después, el banderín de la LMB ondeó en el mástil del galeón, con los bucaneros dirigidos por “Paquín”.

LA ENTREVISTA IMPOSIBLE

Aburrido, con un vaso de café en la mano, sentado en la caseta de los Diablos, el segunda base Félix Millán (21 de agosto de 1943 en Yabucoa, Puerto Rico) accedió a tomarse una foto con mi vástago. Millán jugó ese año con los luciferes, en la que fue su última campaña en la pelota profesional, luego de larga carrera, que incluyó 12 años en las Mayores (siete con los Bravos de Atlanta y cinco con los Mets de Nueva York) y tres en la liga de Japón (con las Ballenas de Yokohama).

Al menos durante la serie, Millán se había mantenido alejado de la prensa. En Campeche rechazó hablar con un periodista, pero…

-¿Es su hijo? Tiene dos años. Así tengo uno –me dijo Millán, a quien dirigió Yogi Berra en 1973 con los Mets, con los que tuvo como compañero a Tom Seaver.

-Está en la Ciudad de México o en Puerto Rico –le respondí.

-En la casa, en Puerto Rico –respondió-. Usted, ¿vive aquí?

-No, soy periodista de Mérida –le señalé y antes de que pudiera reaccionar le disparé algunas preguntas, que el ex compañero de Hank Aaron en 1970 con los Bravos respondió con amabilidad.

La entrevista se había logrado.

Por cierto, la serie la jugó el boricua con el brazo derecho lesionado; incluso, muchos outs en la inicial los completaba el torpedero, luego de recibir la pelota de Millán.

EL COLOFÓN ESCARLATA

Y los Diablos, que estuvieron a un strike de ser eliminados en el partido de los tres días, que luego ganaron en episodios extras, fueron finalmente los campeones de la LMB, al superar en la serie final a los Broncos de Reynosa en siete desafíos.

 

Un comentario

  • carlos castillo septiembre 2, 2020en10:17 pm

    Una pregunta Gaspar ¿estuviste los cinco días? ¡que bárbaro! demostraste tus respetos al Diario, a tu familia te correspondió. Eres todo un respetable profesional..

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