El talismán del banderín de 1993 recuerda la hazaña olmeca

agosto 30, 2020

Por Erick Ruiz

En 1993, surgieron héroes en el diamante que consiguieron para los Olmecas de Tabasco el único campeonato de la Liga Mexicana de Béisbol. Ni duda cabe que los jugadores y el mánager fueron los principales protagonistas aquel 31 de agosto. Pero también hubo héroes anónimos, que vivieron de cerca este hito deportivo desde la intimidad del vestidor.

Uno de esos héroes anónimos es don Abimael Alcudia Gallegos, quien fue el batboy de los Olmecas en 1993. De hecho, Alcudia Gallegos llegó al equipo por invitación del mánager Juan Navarrete y se convirtió en el talismán del campeonato.

Don Abimael, es originario del municipio de Comalcalco, donde nació un 9 de abril 1962. El año del campeonato tenía 31 años de edad, actualmente tiene 58. “Como batboy tienes que estar pendiente de todo, de los uniformes, de las pelotas, de todos los materiales, yo me consideraba un couch más, pues siempre les gritaba y les daba indicaciones”, relató.

“¿Un héroe anónimo?… podría ser, porque es un trabajo que el aficionado no lo valora. Ven a los jugadores que se fajan en el terreno, de eso no hay duda, pero detrás de todo eso el batboy se encarga de muchas cosas que el aficionado no sabe, pero es un trabajo muy pesado. Como batboy tienes que estar pendiente de todo, de los uniformes, de las pelotas, de todos los materiales, yo me consideraba un couch más, pues siempre les gritaba y les daba indicaciones”, explicó.

La trayectoria como batboy de quien es mejor conocido con el apodo de “Panucho” empezó en 1990 con los Cafeteros de Córdoba. En 1993 fue su primer año con los Olmecas, donde se quedó hasta 1999; en 2000 estuvo en Puebla y en 2003 con el Águila de Veracruz. En 2004 regresó a los Olmecas de la mano de Navarrete y en 2006 se fue de nuevo a Veracruz, donde terminó su carrera.

Tras su retiro, en 2007 comenzó a a entrenar niños en Puebla; luego lo hizo en Comalcalco, fue couch en la Liga Tabasqueña, mánager de Nacajuca en la Instruccional y actualmente trabaja como instructor en la Academia de los Cardenales en Villahermosa.

A continuación, la entrevista con el llamado talismán del campeonato.

¿Qué recuerdos guarda de esa histórica campaña?

“Recuerdos muy buenos, un campeonato cualquiera le recuerda toda una vida, es una hazaña, porque sólo se ha conseguido una vez. El público terminaba un partido a las 12 de la noche y la gente se quedaba con boleto en mano a hacer fila para el encuentro del día siguiente y agarrar buenos lugares”.

La celebración tras conseguir el título

“El ambiente en el equipo era de gran camaradería, muy positivo, inigualable; estuve en otros equipos y la verdad el ambiente en el equipo de los Olmecas nunca decayó. El mánager Juan Navarrete sabía sacarle jugo a los jugadores, era un psicólogo ese señor, mis respetos para él. El equipo estaba redondeado con gente de experiencia y gente joven”.

¿Qué cábalas tenían los jugadores?

“El muñeco, como se le dice en el ambiente del béisbol, existe y en aquel equipo varios jugadores tenían uno en particular. Por ejemplo, Emigdio López cuando iba a la loma siempre brincaba la raya de cal de primera, nunca le puso el spike encima. Había otros que no les gustaba que les limpiara el casco; yo les decía pero si está sucio y me decían déjalo así, estoy en una racha de bateo. En esos años a los jugadores les daban una playera caladita para la práctica de bateo y tenía número; entonces se podía usar para los juegos porque era fresca; Navarrete decía vamos con la caladita y ganábamos; mañana la misma porque ganamos”.

¿A qué jugador recuerda con cariño?

“Guardo un gran cariño de todos los jugadores, con todos me llevé bien, todos me querían mucho. Me acuerdo de Leo Valenzuela, en paz descanse, cuando le tocaba batear me decía: ‘Panucho’, no me dejes solo, hay cosas que no me doy cuenta, pero tú si las ves y oigo que me gritas y eso es bueno, no me dejes. Alexis Infante también lo recuerdo con mucho cariño; Horacio “Paquidermo” Valenzuela, Rafael de Lima, mi paisano Enrique Herrera, Herminio Sáiz, Lorenzo Retes, Eliseo Garzón… Juan Navarrete es otro boleto, era un estudioso del béisbol”.

¿En algún momento se cayó el ánimo del equipo?

“Nunca, ni cuando perdimos el primero de la final en La Junta ni cuando perdimos el primero del playoff en Villahermosa contra los Tigres. En ese partido, una rola de Bárbaro Garbey fue al short donde estaba Héctor Marrujo, que en ese tiempo era novato y entró por Alexis Infante. Lo traicionaron los nervios, la bola se le fue entre las piernas y entró la carrera con la que nos ganaron los Tigres. El pobre Marrujo se quedó en el dogaut una hora después de terminar el partido, llorando; llegó Juan Navarrete y le dijo: ‘no hombre, vamos, ya pasó, olvídese de eso, mañana es otro día, por este juego no se puede hacer nada. Vamos por el de mañana y así sucesivamente’. En la final, después de perder el primero en La Junta, ganamos el segundo con un batazo de Alexis, una línea que Pedro Meré quizá pudo agarrar de bote pronto y la bola se le coló”.

¿Quién ponía el ambiente en el equipo?

“El que movía el pandero era el capitán era Herminio Sáiz, metía el ambiente, la enjundia. Todos estábamos metidos en el juego. Había veteranos valiosos como Leo Valenzuela, Alexis, Cecilio Ruiz, Ricardo Osuna. Fue un equipo inigualable y para que haya otro igual van a pasar años”.

Cecilio Ruiz Ferrer (centro) fue campeón con el equipo de su tierra

 

 

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