Cuando Miguel Canto hizo sentir orgullo a los yucatecos, hace 45 años

enero 8, 2020

En un día como hoy, 8 de enero de 1975, Miguel Canto Solís se convirtió en el primer campeón mundial yucateco en el boxeo, al superar por decisión unánime al japonés Shoji Oguma, en Sendai, Japón.

Para recordar esa hazaña que hoy cumple 45 años, reproducimos un extracto de un magnífico trabajo realizado por el periodista Chon Romero y publicado hace algunos años en el portal boxístico notifight.com.

Disfrútelo, como miles de yucatecos, hace 45 años, disfrutamos el primer gran triunfo del boxeo yucateco:

La pelea entre el campeón Shoji Oguma y el primer retador Miguel Canto se acordó para el 8 de junio de 1975 en Sendai, Japón.

El retador Miguel Canto venía de perder en 1973 contra Betulio González, disputando la corona de peso mosca del Consejo Mundial de Boxeo. Llegaba con seis victorias, dos de ellas defendiendo el cetro de los pesos mosca de México, y además con registro de 39 triunfos, 4 reveses, 2 empates con 13 nócauts.
El campeón del mundo de las 112 libras, Shoji Oguma, también llegaba bien; había ganado ocho de nueve combates, perdiendo contra Betulio González en diez asaltos, aunque posteriormente lo superó cuando disputaron el título mundial de los pesos mosca. Llegó al combate con palmarés de 21 triunfos y 2 derrotas, con 10 nócauts.

Como caso raro, ambos subieron al cuadrilátero con pantaloncillo negro, botas negras y medias blancas, con la diferencia que el campeón tenía un anuncio en japonés en letras blancas. El árbitro del combate fue Enrique Jiménez, quien sin tantos protocolos les hizo saber sus deberes en la pelea y los mandó a sus esquinas a esperar el inicio del combate.

Canto-Oguma, en quel inolvidable 8 de enero de 1975

El primer llamado al centro del entarimado. Ambos entendieron que la pelea sería larga, a quince asaltos, porque ninguno de los dos era noqueador, más bien de “punch” débil, que lo comprobaba su expediente profesional. El retador Miguel Canto, con mote de “El Pequeño Maestro”, por su fino boxeo, aplicó desde el primer asalto, duros derechazos. Fue más agresivo, pero igualmente sin el poder para rematar.

La refriega cobró atención de los asistente cuando ambos, ya cortados, se entregaron y sacaron a relucir su profesionalismo para dominar el combate.

La destreza y fina calidad de boxeo del mexicano llamaban la atención de los asistentes así como la pujanza del japonés, que en ocasiones ponía de pie a la concurrencia, que en japonés o cualquiera otro idioma se entendía en el rostro de los presentes la satisfacción por el espectáculo boxístico que veían sobre el ring.

El árbitro no tuvo que trabajar tanto; voluntariamente se separaban, ofreciéndoles lo mejor de su repertorio pugilístico a los fanáticos.

En la primera mitad del combate las acciones fueron muy parejas debido a la calidad comprobada de ambos púgiles.

La buena coordinación de extremidades de Miguel Canto y la aplicación a su estilo técnico, hizo frente a la fogosidad y prontitud del japonés Oguma.

En los primeros ocho capítulos los aficionados disfrutaron de boxeo supremo. Las brillantes combinaciones de Canto en los ocho primeros episodios fueron contestadas con la impetuosidad de Oguma, que fue más ágil que el mexicano. Ambos mostraron similar coraje.

La segunda mitad del combate se tornó encarnizado. El rostro de ambos teñido de rojo, pero con la voluntad suelta, castigándose de campana a campana, con inteligencia; por un lado, con su elegante estilo el mexicano, y por el otro de carácter, belicoso y pundonoroso del campeón del mundo Shoji Oguma, que deseaba a toda costa retener frente a su pueblo la corona mundial que ostentaba.

Ya para el décimo episodio la diferencia comenzó a notarse en la resistencia que era factor predominante para el triunfo. Primero por la falta de “punch” de ambos, y segundo que el combate, pese a las heridas sufridas por ambos púgiles, se presagiaba terminara por decisión.

El boxeo técnico depurado de Miguel Canto y su dominio de caminar el cuadrilátero, le facilitó sacar cómoda ventaja combatiendo en Japón, donde en aquellos tiempos para ganar había que vencer muy convincentemente a los púgiles japoneses.

En el último asalto, el decimoquinto, ambos se golpearon de campana a campana y las combinaciones nítidas y constantes del mexicano superaron la bravura y entrega del japonés, que cedió la corona de los pesos moscas en fiera batalla, que no desanimó a los japoneses, que después de escuchar la decisión a favor del mexicano, de inmediato surgieron ofrecimiento para el combate de desquite.

Las fotos son de notifight.com

Los trofeos que recibió Miguel Canto aquella noche del 8 de enero de 1975, tras vencer por decisión unánime a Shoji Oguma

 

Miguel Canto y yo

Un comentario

  • Miguel enero 9, 2020en1:03 am

    Mi padre QPD, fue a verlo junto con el Dr. Ariel Bastarrachea, que en ése entonces era el presidentes de la comision de Box del Edo.
    Los Yucatecos que lo acompañaron,subieron al ring y aparecen en la foto que tiene Miguel en su libro. Saludos

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