Dos famosos como “choferes”

diciembre 3, 2019

Por GASPAR A. LÓPEZ POVEDA

No hubo temor cuando el flamante Lincoln blanco comenzó a devorar las sinuosas curvas del antiguo circuito del Homestead-Miami Speedway, convertido, tras la remodelación, en estacionamiento para los asistentes al autódromo.

Tras una carrera realizada en el óvalo de esa instalación, nos llevaba, al colega regio Luis Lauro Villalobos y a mí, hasta donde estaba estacionado el auto que nos asignó la Firestone-México, el piloto Adrián Fernández.

Adrián Fernández, entre los mejores pilotos mexicanos de la historia

Si condujo con maestría poco antes su monoplaza durante la carrera de la Serie CART, no iba a ser menos al volante del lujoso automóvil. Nunca había tenido “como chofer” a un destacado piloto del automovilismo mundial, que no escondió la cruz de su parroquia (nació en la Ciudad de México) cuando llegamos a nuestro destino.

“Se lo lavan”, dijo Adrián. Y Luis Lauro respondió casi inmediatamente, mientras yo no sabía que pasaba.

“Te guardamos el agua” (seguía sin entender qué agua iba a guardar).

Y Adrián continuó la “guerra de albures”:

“Para unos buches”, dijo, al tiempo que profirió sonora carcajada.

¿Quiénes son estos jovenazos? Eugenio Derbez, amante del automovilismo, y el autor de esta historia

Para los que no saben quién es Adrián Fernández, déjenme decirles que hace poco el automovilismo mexicano bautizó con su nombre a una de las curvas del Autódromo Hermanos Rodríguez de la Ciudad de México, por su gran legado al automovilismo del país.

Adrián, una leyenda del automovilismo mexicano, destacó en competiciones en varias partes del mundo. Fue subcampeón de la Serie CART en 2000, cuarto en 1998, sexto en 1999 y octavo en 2003, y quinto en la Serie Indy Car de 2005. En esas competencias acumuló 11 victorias y 25 podios.

La experiencia en Homestead fue buena. No sólo porque tuve a un famoso como chofer, sino porque hubo oportunidad de convivir con un introvertido pero amable Eugenio Derbez y su acompañante Israel Jaitovich, y con los pilotos Michael Jourdain, Mario Domínguez, el colombiano Juan Pablo Montoya y el italiano Alex Zanardi, aquel al que tiempo después, en 2001, le amputaron ambas piernas tras sufrir un grave accidente en una carrera de la Serie CART.

Además, ahí conocí, entre otros, a Emerson Fittipaldi, a Antonio Garibay (papá de Sergio “Checo” Pérez) y al colega periodista capitalino José Luis Chávez Valle, a quien poco después me encontré en Mérida, a donde trasladó su residencia huyendo del smog. Ese fue el pilón. Pero esa es otra gran historia que algún día contaré.

FREDDY ARROYO, GRAN CONDUCTOR

Poco antes, en 1993, tuve una experiencia similar: el pítcher ganador del partido que dio a los Leones de Yucatán la corona de la Liga Mexicana en 1984, fue “mi chofer”.

Cuando me disponía a salir del “Carl Barger Baseball Complex”, en Viera, Florida, al volante de un Toyota rentado, para retornar al hotel en Melbourne, una persona con el uniforme de los Florida Marlins, descendió de una VAN del equipo, se acercó al Toyota y me dijo: “¿Quieres que maneje?”.

Se trataba de Freddy Arroyo, quien se acreditó el triunfo ante los Indios de Ciudad Juárez el 19 de agosto de 1984, para dar a los Leones el segundo banderín de su historia.

Arroyo había sido contratado como instructor de pitcheo de Ligas Menores de los Florida Marlins (hoy de Miami), que ese año debutaron en las Ligas Mayores.

Freddy, con el que cultivamos una gran amistad durante el tiempo que vistió la franela melenuda (1984 y 1985), lo primero que hizo fue rebasar a la VAN de los Marlins y comenzó a reírse de ellos. Pero sus colegas coaches no se iban a quedar atrás y al poco tiempo nos rebasaron.

Sin embargo, un par de kilómetros más adelante, la VAN había sido detenida por la policía por exceso de velocidad.

Cuando pasamos junto a ellos, Arroyo, quien lanzó seis campañas en las Grandes Ligas (cuatro con los Tigres de Detroit y dos con los Mellizos de Minnesota), volvió a reírse de ellos.

A poco de llegar al hotel sede, en Melbourne, Florida, llegó la VAN con los coaches sonriendo. No tuvieron problemas con la autoridad. Todo lo solucionó una camisola de los Marlins, obsequio para el “Sheriff”.

Foto reciente de cuatro “grandes ligas” mexicanos, en una pausa de un recorrido de golf: Joakim Soria, Rodrigo López Fernando “Freddy” Arroyo y Luis Cessa. Arroyo fue clave para la conquista del banderín de 1984 por los Leones

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