Una dura lección en el Romo Chávez

agosto 24, 2019

Por GASPAR A. LÓPEZ POVEDA

El choque en el que Estados Unidos superó a México 17-2 el viernes, fue un exhibición del alto nivel del béisbol femenil que juegan los equipos de élite. Y eso que las muchachas que dirige Verónica Álvarez no son las campeonas del mundo.

Las estadounidenses, que desde el jueves clasificaron al Mundial de China 2020, son una potencia en el concierto mundial y lo han mostrado a lo largo del Premundial de las Américas que se juega en Aguascalientes. No hay duda. Superioridad absoluta.

Ashton Lansdel es felicitada por el coach cubano Manny Crespo, luego de conectar uno de los dos cuadrangulares que bateó el equipo de Estados Unidos  ante México, ayer en el Parque “Alberto Romo Chávez” de Aguascalientes. Las estadounidenses ganaron 17-2

El balance de carreras anotadas y recibidas en el torneo es espeluznante: 118 contra 15, para una diferencia de ¡115! Superioridad total.

Decíamos que el choque fue una exhibición del mejor béisbol por lo que mostraron las norteamericanas: energía en todas las acciones, en la caja de bateo, en el corrido de bases y a la defensiva; experiencia en la caja de bateo, con paciencia, tirándolo a la bola buena. En los senderos, veloces y agresivas, buscando la base extra. Y su constitución física, de primera. Atléticas, con trabajo en el gimnasio.

Además, en todas se notó el sentimiento de orgullo por defender a su país. So percibió en toda sus acciones.

No son chicas reclutadas al vapor para integrar una selección, sino que llevan años de trabajo, bien organizado y apoyado, con cercanía y colaboración con el sóftbol.

Las jugadoras son “rockstar”, no son desconocidas. Usted pone en un buscador de internet los nombres de las muchachas y le salen decenas notas periodísticas de ellas.

La mayoría de sus jugadoras tienen un abultado historial y mucha experiencia. Son figuras del deporte estadounidense, con perfiles en Wikipedia, incluso, con abundantes fotos y notas periodísticas en sitios web, así como vídeos en YouTube de sus actuaciones.

Una de las jugadoras con mayor impacto en los medios es la veterana primera base Malaika Underwood, de 38 años. En los últimos diez años, “La aspiradora”, como la conocen, ha sido medallista de oro de los Juegos Panamericanos, cinco veces medallista de la Copa Mundial de Béisbol Femenino de la IBAF (ahora WBSC), ha en el equipo ideal en dos ocasiones en la Copa Mundial, y es una de las líderes del equipo de las barras y las estrellas.

Otra es la receptora Megan Baltzell, de 26 años, que fue integrada a la selección después de retirarse del sóftbol profesional. Fue la campeona jonronera del Mundial de Florida el año pasado y en el actual Mundial ya tiene dos bambinazos.

También se destaca Ashton Lansdel, de 18 años, quien juega (es jardinera y lanzadora) con el equipo de varones de una universidad de Gorgia.

De la lista de 20 jugadoras, seis son nacidas en el año 2000 o después (hay una, Kate Blunt, de 16 años) y de las otras 14, Malaika tiene 38 y Michelle Cobb y Meggie Meidlinger, tienen 32 años.

Son gente madura, con fortaleza, capaz, como vimos ayer, de batear jonrones de más de 310 pies en un parque de la Liga Mexicana.

El partido del viernes ante México fue, como todos los seis encuentros de la novena estadounidenses en el torneo , una lucha dispareja.

México debe comenzar a trabajar en serio, si se quiere competir (no sólo participar) con las potencias; quizá con torneos entre equipos femeniles de las organizaciones de la Liga Mexicana (los Rieleros de Aguascalientes van a tener su equipo), con ligas universitarias, con más apoyo a las organizaciones que promueven el béisbol entre niñas, pero principalmente con seriedad, con programas bien desarrollados y sin envidias ni revanchismos.

Hoy existe un abismo entre nuestro béisbol femenil y las selecciones de élite.

¿Se puede mejorar? ¡Claro que se puede! Sólo se necesita voluntad.

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