Cuando fui promotor de atletismo en San Sebastián

agosto 9, 2019

Por GASPAR A. LÓPEZ POVEDA

Cuando no cualquiera organizaba una carrera pedestre, cuando se realizaban escasas competencias de ese tipo en el Estado, me atreví a realizar una. Y nocturna.

En ese entonces, en 1976, cuando comenzaba mi carrera en el periodismo deportivo, recuerdo que sólo se realizaban la carrera del Mayab en Muna, la de Independencia de relevos, que iba de la Plaza Grande al Tecnológico, la Carrera de la PGJ, organizada por Freddy Segovia Manjarrez, y quizá una más por ahí.

Ninguno de los dos emblemáticos maratones que se corren hoy en el Estado había nacido en ese entonces. El Maratón de Mérida, patrocinado en sus inicios por Mericolor y organizado por Leonel Macías Sánchez, se corrió por primera vez a mediados de los 80; poco antes se realizó el Maratón de la Marina, aunque no de manera formal. Luego se agregaron otras carreras que han sobrevivido, como la del Bombero, la de Pedro Infante, la de Independencia del ISSTEY y la San Silvestre, que comenzó a realizar Lázaro Méndez Cauich la noche del 31 de diciembre.

No había tantas carreras como hoy. No habían descubierto que organizar una carrera pedestre puede ser un buen negocio, como algunos ya se dieron cuenta.

La que organicé, la llamada “Carrera atlética nocturna en honor de la Virgen de la Asunción” en San Sebastián, no me dejó nada. Bueno, uno que otro dolor de cabeza. Y muchas satisfacciones y alegrías.

UN ÉXITO TOTAL

Tres años después de que Juan Ramón Cuevas Sánchez y yo nos incorporamos como apoyo al “Gremio La Asunción, de señoras y señoritas” (por eso aclaro que como apoyo, pues ni Juan Ramón ni yo éramos ni señoras ni señoritas) de la Parroquia de San Sebastián, que estaba en declive, decidimos hacer algo que dé más brillo a la fiesta anual del barrio bravo.

¿Por qué no una carrera que casi nadie organizaba?

¿Por qué no de noche?

La idea original era que la carrera terminara en los primeros minutos del 15 de agosto, día de la Asunción de la Virgen María a los cielos, pero el párroco nos pidió que la adelantemos para no chocar con las “Mañanitas” y el inicio de la Misa “de gallo”, por lo que adelantamos el disparo de salida para las 11 de la noche.

Ramiro Gómez Lizarraga, ganador de las primeras cuatro ediciones de la Carrera Nocturna en honor de la Virgen de la Asunción. La foto es de José Canto Presuel publicada por Nepomuceno Cruz en Facebook

Juan Ramón y yo le pedimos a un vecino del rumbo, destacado entrenador de atletismo, medallista nacional en su etapa de atleta y amigo de ambos, el Profr. Jorge Concha Gamboa, que nos apoye en la organización de la carrera y aceptó. Fue un acierto contar con su colaboración y experiencia.

No se cobraba inscripción, sólo había una categoría, sólo se corría en varonil y los primeros cuatro años parecía que sólo la ganaba una persona: Ramiro Gómez Lizarraga, quien triunfó en las primeras cuatro ediciones de las ocho que se hicieron de manera oficial.

Definimos la ruta (de San Sebastián a la Coca Cola, hoy Sam’s Club, y viceversa) y la distancia: 5 kilómetros. La policía nos apoyó siempre, sin cobrar ningún centavo, con una patrulla que iba delante de los corredores. Para la primera carrera, en 1976, le pedí a la señorita Ofelia Mejía, presidenta del gremio, que dé el disparo de salida. Aunque temerosa porque nunca había tenido en sus manos una pistola, lo dio. Fue un momento muy simpático.

“CHOLO”, UNO DE LOS PADRINOS

La carrera fue un suceso. Cientos de personas se arremolinaron en la salida y otros tantos en la meta. La gente no estaba acostumbrada a ver a decenas de personas “calentando” con ropa deportiva a altas horas de la noche y en un día de fiesta en el barrio bravo, ni mucho menos observar la salida y llegada de corredores.

Como ya señalé antes, las cuatro primeras ediciones las ganó un atleta del Tecnológico de Mérida: Ramiro Gómez Lizarraga.

En una de ellas, su trofeo se lo entregó el gran actor del teatro regional Héctor Herrera “Cholo”. Juan Ramón y yo lo fuimos a invitar a que dé el disparo de salida, pero declinó la invitación porque a esa hora todavía estaba en la “segunda tanda” en el teatro que llevaba su nombre. Empero, nos prometió que iba a “dar una vuelta” cuando terminara.

Cumplió. Con casi todo el elenco de su compañía, llegó a San Sebastián y, en medio de bromas y chistes, entregó los trofeos, ante la alegría de la gente que rodeó la tarima instalada en el campo de sóftbol.

Vale la pena señalar que nuestra carrera fue la segunda con más de 100 participantes (en la cuarta edición), semanas después que la carrera de la Procuraduría fue la primera con un centenar de corredores, cifra que hoy parece ridícula, pero que en ese entonces era algo trascendente.

La última vez que la organicé fue en 1983, aunque un año después los mismos corredores la realizaron.

Yo estaba con los Leones de Yucatán en Ciudad Juárez cubriendo para el Diario de Yucatán la serie final entre los melenudos de Carlos Paz y los Indios de “Zacatillo” Guerrero, así que no la promoví porque no iba a estar disponible. Empero, acostumbrados a que la noche del 14 de agosto en San Sebastián había la tradicional prueba pedestre, decenas de corredores se dieron cita. Y cuando se enteraron que no habría, vecinos del rumbo donaron tres trofeos y se corrió la novena edición, que, ahora sí, fue la última.

Tuve años después, para ser exactos, en junio de 2013, un expriencia más, cuando el párroco de La Ascensión del Señor en Residencial Pensiones, Pbro. Jesús Ceballos Solís, me mandó llamar para pedirme que organice una carrera por calles de la parroquia para celebrar el Día del Padre.

La hice de binomios padre-hijo(a). Hubo papás que corrieron con sus bebés en carriolas.

 

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