Garabez Rosa y el jugar para el equipo

abril 15, 2019

Por GASPAR A. LÓPEZ POVEDA

Tiene sentido la apuesta que hizo Billy Beane con Ramón Hernández, el receptor venezolano de los Atléticos de Oakland en 2001.

Batear a la banda contraria ayuda al equipo. Para un bateador derecho es importante, pues sorprende a los fildeadores, además de que, con corredor en la inicial, se puede ejecutar bien el “hit and run”.

Un bateador con esa virtud, es más útil al equipo. Y de peloteros útiles están llenos los equipos ganadores.

Hernández, quien se encontraba en su tercera campaña completa con Oakland cuando le hizo Beane la apuesta, la aceptó y comenzó a cambiar sus hábitos en la caja de bateo. Todo era para bien de él y de los Atléticos, es decir, para jugar para el equipo.

“Conecté varios batazos hacia la banda contraria”, afirmó Hernández en una entrevista.

La apuesta ayudó a Ramón porque se dio cuenta que podía batear hacia el otro lado del campo.

“La apuesta me ayudó a descubrir que podía hacerlo cuando quisiera, me obligó a reaccionar con pitcheos afuera. Así que, poco a poco, fui reconociendo cuáles envíos podía batear para allá y cuáles no”, dijo el receptor venezolano, quien se acostumbró a dejar que la pelota “corra un poquito” para tatar e conectarla y mandarla al bosque derecho.

Esa apuesta, además de ayudar a los Atléticos, benefició a Hernández, quien mejoró sus estadísticas ofensivas.

Tener esa habilidad, aquí y en China (aquí en la Liga Mexicana y en el béisbol de Taiwán) permite al que la tiene jugar para el equipo… si tiene ética.

Pero a veces no se comprende. Sólo los muy metidos y estudiosos (más bien, los observadores) del pasatiempo se percatan de quién juega bien y quién es sólo “bluf”; sólo los observadores se dan cuenta de quién juega para el club y quién lo hace para su porcentaje.

Así sucedió en 1975 con los Cafeteros de Córdoba.

Víctor “Vitico” Davalillo (venezolano como Ramón, con quien sostuvimos larga charla en el Kukulcán el jueves pasado) dio ese año un ejemplo de jugar para el equipo y sacrificar sus logros pesonales.

Davalillo estaba peleando la corona de bateo con Pat Bourque, de los Diablos Rojos, cuando en un partido al final de la campaña regular demostró su calidad como pelotero profesional.

Era la novena entrada y el partido estaba empatado cuando el bateador que antecedía a Davalillo conectó un doblete. “Vitico” bien pudo buscar conectar un imparable para aumentar su porcentaje y ser el héroe del partido (Córdoba era líder, pero tenía muy cerca a los Diablos Rojos), pero no lo hizo.

“Claramente buscó rolatear a segunda para que el corredor llegara a tercera base”, recordó en una ocasión Géner Rivero, torpedero de los Cafeteros.

Luego del rolatazo de Davalillo, Manny Álvarez bateó un elevado al jardín central y los Cafeteros anotaron la carrera del triunfo en pisa y corre. Todo mundo destacó el elevado de Álvarez; Manny fue el héroe, pero nadie se acordó de lo que hizo el venezolano, que finalizó la campaña con .355 de porcentaje. Bourque fue el campeón bateador con .372.

DE DAVALILLO A GARABEZ

Una situación similar sucedió el viernes en el Kukulcán, en el primer choque de la serie entre los Leones y los Guerreros de Oaxaca.

En la segunda entrada, Luis Juárez bateó doblete; Garabez Rosa claramente se fincó y dirigió su batazo a segunda y fue enfriado en la inicial, mientras el “Pepón” llegaba a la antesala. Y el siguiente bateador, Leo Heras, conectó un elevado al bosque derecho con el que Juárez llegó al plato con la primera carrera de los Leones.

Los saludos y felicitaciones fueron para el “Pepón” y para Heras, pero casi nadie felicitó a Garabez por jugar para el equipo.

GARABEZ ROSA

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