“Los pitcheos de Vera tienen vida”

febrero 26, 2019

Por GASPAR A. LÓPEZ POVEDA

O’Neiry Fleita dijo cuando vio lanzar a Eduardo Vera en la Academia Ba’axal: “Ese es pítcher de Grandes Ligas”.

Ayer en Bradenton, en su debut en la Liga de la Toronja, el yucateco confirmó la observación que hizo el scout en jefe de los Filis de Filadelfia.

Vera colgó dos argollas con serpentina de un hit, que fue al cuadro, y dos ponches, con apenas once disparos al plato.

¿Once?

Sí, once y once strikes, sin bolas malas.

“Eduardo tiene mucha calidad y buen control”, dice el ingeniero Raúl Ortega Rojas, quien ha estado cerca de Vera en lo últimos años.

No se sorprendió tanto por el balance de su actuación de ayer ante los Medias Rojas de Boston: once lanzamientos, un hit (que fue al cuadro, dos ponches y cero bolas malas.

¿Cero bolas malas? Así es.

“El año pasado demostró su calidad en Doble A (con la Curva de Altoona) y la ratificó con los Venados de Mazatlán en la Liga Mexicana del Pacífico, con los que en sus primeros 20 episodios de trabajo no aceptó carrera, ponchó a 15 y sólo firmó un boleto.

“Los pitcheos de Lalito tienen vida; brincan al llegar al plato; no le tiras y cae strike”, agrega Ortega, quien elogia la capacidad y dedicación al trabajo que tiene el pítcher yucateco, quien se apuntó la victoria ante los Patirrojos.

A esos lanzamientos “con vida” atribuye que los dos ponches fueron con seis disparos, todos cantados por el umpire, y a que los demás bateadores le tiraron al primer envío que vieron porque Vera los engañó.

Eduardo Vera y el instructor Raúl Ortega, en una pausa de un entrenamiento en el campo del Tecnológico de Mérida

Los disparos de Vera tienen la capacidad de engañar.

“Tiene tanto control, que lanza cerca de la zona de strike y los bateadores le tiran; o sienten que serán bolas, los dejan pasar y luego caen en la zona de strike”, dice Ortega Rojas. Y remata:

“Tiene algo sobresaliente, diferente en la bola que no cualquiera tiene. Y con 0-2 en la cuenta, casi no lanza bola de desperdicio”.

En los inviernos, Vera trabaja con Ortega. Pero además de instructor, el buscador de talento de los Leones ha sido también consejero de Eduardo.

“Después que lo operaron (le hicieron la cirugía “Tommy John”), estaba por los suelos, porque le dolía el codo; cuatro o cinco meses después, el dolor desapareció y las cosas cambiaron”.

Ortega lo animó, trabajó con él, comenzó a lanzar de nuevo sin las molestias y ya no paró.

“Es un joven que sabe lo que quiere; es disciplinado, humilde, noble hasta decir basta; no es jactancioso y no le hace el feo a nadie”, agrega Ortega, retratando de cuerpo completo al joven serpentinero que, dice Ortega en son de broma, “parece más un arquitecto, que un pelotero”.

Ayer parecía una estrella de la loma.

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