Día triste: cuando Beto Ávila salió de Cleveland

diciembre 29, 2018

Por CESÁREO SUÁREZ NARANJO

 En uno de los capítulos anteriores hacíamos mención de lo bien que sentía BETO ÁVILA jugando para los INDIOS de CLEVELAND con los que – al terminar la temporada de 1958 – cumplía 10 años exactos de vestir esa franela.

Por otra parte, señalábamos la llegada a las oficinas del equipo de un nuevo Gerente General: Frank Lane. Este era conocido en esos ámbitos, según los del SABR, como “The Trader” (el “Negociante”). ¡Y bien que le quedaba el apodo!, pues siempre buscaba sacar ventaja en las operaciones que realizaba.

Los principales diarios de nuestro país – en sus secciones deportivas – pero más especialmente (por ser “totalmente deportiva”) La Afición, la querida “Lechuga” de Fray Nano, debieron haber sacado – en los encabezados del día 3 de Diciembre de ese 1958 – una noticia que no debió haberle gustado a muchos aficionados mexicanos, pues el día anterior se había concretado la operación en que nuestro paisano pasaba a otro equipo de la Liga Americana: los ORIOLES de BALTIMORE.

¡Y bien que le sacaron provecho a la negociación!, pues aunque no importaba mucho el jugador que recibían a cambio – un tal RUSS HEMAN (un pitcher, ni siquiera regular, que andaba con su sucursal en Vancouver) – sino los treinta mil muy buenos dólares en aquella época. Por algo, reiteramos, lo del “negociante”.

BETO regresaba a la ciudad que lo vio llegar al beisbol de los Estados Unidos, cuando aún pertenecían a la Liga Internacional. ¿Qué clase de recuerdos aflorarían en su mente al verse de nuevo allí, donde pasaría no pocos momentos difíciles? No hay manera de saberlo (aunque si, considero, debió habérselo comentado a su esposa y, tal vez, a algún otro familiar, o amigo muy cercano).

Para los aficionados mexicanos, que habían llegado a seguir a los Indios, y amarlos “por esa razón”, se les debió haber hecho extraño (y, quizá, con un poco de disgusto), verlo enfundado en otra franela. Pero, esa es la vida del pelotero, y hay que adaptarse a las circunstancias.

Con PAUL RICHARDS, como manager, los “Oropéndolas” contaban en 1959 con jugadores destacados – e incluso, uno que otro inmortal – como BROOKS ROBINSON. No hubo ninguna trascendencia en la poca permanencia de BETO con los Oropéndolas, en únicamente 20 partidos, pasando a los Medias Rojas de Boston, donde se encontró con uno de los mejores jugadores de todos los tiempos, ya en el ocaso de su carrera: don TEODORO SAMUEL WILLIAMS. Pero, tampoco ahí, el jarocho “hizo huesos viejos”. Dejó el joven circuito, donde había pasado toda su carrera, y fue adquirido por los Bravos de Milwaukee.

Beto Ávila, cuando estuvo con los Orioles

Este equipo, que había dominado en la Liga Nacional las dos últimas temporadas, contando con gente como WARREN SPAHN, EDDIE MATTHEWS, HANK AARÓN, Lew Burdette, Joe Adcock, etc., estaba nuevamente peleando por el título, lucha en la que estuvieron involucrados – la mayor parte del tiempo – los Dodgers de Los Ángeles y Gigantes de San Francisco (que estaban regalando a sus respectivos aficionados una formidable campaña, en apenas su segundo año, después de haber “invadido” la Costa del Pacífico).

Las razones, por las que pasó BETO al equipo de la ciudad cervecera, fue por la enfermedad de Red Schoendienst, titular de la segunda almohadilla. El manager Fred Haney ya había tratado de cubrir esa posición con otros siete jugadores, sin éxito.

De cualquier manera, aquí si hace mención (aunque sea breve) “The Official Guide” de la actuación de nuestro paisano, que se limitó a 51 partidos. “AVILA”, dice la página, “debutó el 22 de julio conectando un jonrón con el que produjo dos carreras para darle el triunfo al equipo; y, con ello, romper, una racha de siete derrotas. Ayudó a ganar otros partidos con el bat, pero, al final, se apagó un poco”.

BETO, además, tuvo intervención en el tercer play off que se dio en la historia de la Liga Nacional, para decidir el campeonato, pues los Bravos terminaron empatados con los Dodgers, al concluir la temporada regular, y que se programó – como era costumbre – a ganar dos de tres. De ganar su equipo, se le presentaba la oportunidad de participar en un segundo Clásico otoñal. ¡Pero…!

El primer encuentro se celebró el lunes 28 de septiembre, por la tarde, en el County Stadium de Milwaukee. Fue un juego de pocas carreras, 3 a 2, a favor de los Dodgers, anotando estos en la sexta entrada para romper el empate. BETO estuvo todo el partido, colocado primero en el orden al bat, seguido por Eddie Matthews, Hank Aaron, Joe Adcock y Andy Pafko. Entre los cinco, tuvieron 16 veces al bat (5 de ellas, del jarocho) para irse todos ellos en “blanco”.

Tan pronto terminó el partido, los dos equipos tomaron el avión, para trasladarse a Los Ángeles donde, el martes 29 en el Memorial Coliseum se trenzaron durante 12 entradas, para que – finalmente – los “Vagabundos” obtuvieran el gallardete del viejo circuito, por 6 carreras a cinco. BETO solo vio acción al entrar en sustitución de Joe Adcock quien, a su vez, había bateado como emergente por Chuck Cottier con casa llena y dos outs, entregando al corredor en la intermedia, para terminar el inning (ahí se les escapó la posibilidad del triunfo). BETO, entonces, se quedó a cubrir la segunda base a partir de la décimo primera entrada, sin tener vez al bat. Con ello, terminó su carrera en Grandes Ligas.

Sus numeritos fueron los siguientes: con los Orioles, en 20 partidos, fue al bat en 47 ocasiones, conectando 8 hits, ningún extrabase, anotó una carrera, le dieron 4 bases por bolas, y 5 ponches, y rolateó en cinco ocasiones para doble play, con promedio al bat de únicamente .170.

En los 22 encuentros que estuvo con los Medias Rojas, 45 veces al bat con 11 hits, 3 de ellos jonrones; anotó 7 carreras, y produjo 6; se llevó 11 chocholates, y rolateó 3 veces para doble matanza, con porcentaje de .244.

Y, finalmente, con los Bravos; en 51 partidos tuvo 172 veces legales, con 41 imparables; 3 dobles, 2 triples y 3 jonrones, anotó 29 carreras y produjo 19; 24 bases por bolas y 31 strike outs, 7 toques de sacrificio, y únicamente una rola para doble play. Bateó para .238.

Sus totales, en las 11 campañas que estuvo en el Gran Circo, son los siguientes: 1,300 juegos; 4,620 veces al bat; 1,296 hits, 185 dobles, 35 triples y 80 jonrones; 725 carreras anotadas y 467 remolcadas. Su porcentaje global fue de .281.

No sabemos si la decisión de los directivos de Milwaukee de enviarlo – para 1960 – al equipo de Louisville, su sucursal en la liga “American Association”, fue de inmediato o tomada hasta la primavera siguiente.

El caso es que en la recopilación que hizo el “SABR” mencionan el hecho de que “se fue con el equipo de Jalapa, como manager-jugador; y que, después de un lento comienzo, disputaron el título, que perdieron el último día, en un partido polémico”. Tal vez, con esta aportación, es que se pueda establecer finalmente que ese “fue el último campeonato invernal en que participó”.

Debió ser, entonces  – el equipo de los Chileros – aquel que mencioné hará cosa de dos meses, lleno de magníficos jugadores; de los que, para muestra, tenemos que la receptoría estaba cubierta por los tres mejores catchers del momento: PILO, CORELLA y PALAFOX. Basta con ello. Y agrega la fuente: “para rendirle un homenaje, al siguiente año formaron otra liga invernal, a la que le pusieron su nombre”.

Siguiendo con la historia, podemos suponer que al ser bajado a un equipo de ligas menores, BETO habría decidido no reportar, y pensaría en el retiro. Aquí entraría su amigo, de muchos años, Alejo Peralta quien, buscando rescatar a sus queridos TIGRES capitalinos de la ignominia en que habían caído la temporada anterior, imponiendo marca de juegos perdidos, se puso a armar un equipo capaz de luchar por el campeonato, conservando únicamente a los jugadores que prometían, y trayendo gente de gran trayectoria, entre ellos el jarocho, encabezados por el manager MEMO GARIBAY. Pero, de eso, hablaremos luego.

 

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