Ronnie Camacho: Morí desde que salí de los Leones

octubre 11, 2018

Colaboración especial de Ronnie Camacho, ex jugador de los Leones de Yucatán y miembro del Salón de la Fama del béisbol mexicano

Después de los años que jugué con los Pericos de Puebla, todo cambió. Desintegraron aquella máquina de ganar partidos. Las razones todavía las ignoro.

En nuestra casa teníamos asistencias de 5 mil personas por encuentro y los domingos entraban de 15 a 16 mil aficionados, pero no se notaba porque el parque era muy grande.

La franquicia fue pasada a Mérida, Yucatán. De Pericos nos convertimos en 1970 en Leones y ahí, comenzó mi vía crucis.

Empezamos la temporada con nutridas asistencias. Todas las noches aquello estaba lleno, en un ambiente netamente beisbolero.

Nuestro equipo era muy bueno, éramos ganadores. Se extrañaba el frío de Puebla y a su gente.

Teolindo Acosta, “Musulungo” Herrera y yo empezamos muy bien la temporada. Tony Castaño era nuestro mánager. Los viajes eran muy cansados. Viajábamos en camión hasta la Ciudad de México y de ahí volábamos hacia el norte. Eran giras de 12 días, pues se aprovechaba el viaje para jugar en varias plazas.

Tres astros de los Leones de Yucatán de 1970: adelante, el receptor cubano Roberto “Musulungo” Herrera y, detrás, Teolindo Acosta (izquierda) y Ronnie Camacho, autor de esta historia. Foto del archivo de José Luis Preciado Paredes

Ya entrada la temporada, entre los meses de julio y agosto, Teolindo iba de líder bateador de la liga, “Musulungo” bateaba arriba de .300 y yo era líder del equipo en jonrones (15) y carreras producidas (70). Ya no estaban Óscar Rodríguez, Moi Camacho, Jorge Fitch, “Zacatillo”, Rudy Sandoval, Miguel Sotelo ni Andrés Ayón con Los Leones. Nosotros tres éramos lo grueso del line up y había que rajársela en serio. Estando en Monterrey me puse a pensar en mi futuro. Ya andaba en los 35 años y empezaba a sentir turbulencias. Se acercaba la hora de irme, antes que me corrieran los fanáticos y los dueños de equipos.

En la actualidad he visto a algunos jugando a los 40 años, aunque ya no son los mismos, pero ahí andan aguantando los gritos hirientes de los fanáticos; todo lo bueno que hayas hecho, por ahí se va, lo empañas con la actitud mostrada.

El partido en la Sultana del Norte sería esa noche. Llegamos al Parque Cuauhtémoc y la entrada no era muy buena. Nosotros andábamos en cuarto lugar, a cinco juegos del Águila en el Sur, y el Monterrey a 10 juegos del Líder Diablos Rojos, en el Norte. Ese año dividieron la Liga en zonas.

El mánager sultán Vinicio García inició con el lanzador venezolano Luis Peñalver, muy bueno y gran competidor. Por nosotros, el viejo le dio la bola a Juan Ramón Quiroz, venezolano también y con 12 ganados. El encuentro resultó un duelo de pitcheo, pues llegamos a la sexta entrada y no había carreras; tres hits aislados de nosotros y tres de los Sultanes.

En la séptima, los Sultanes se pusieron bravos. Víctor Torres y Héctor Espino ligaron jonrones y se fueron arriba 2-0. En la octava entrada Teolindo Acosta abrió con doble, entró el manager Vinicio a ver a Peñalver, hablaron de la situación y lo dejó. Venía al bat “Musulungo” Herrera, batea sencillo y produce la primera de nosotros; después fui a batear y me dio un pelotazo. Entró el mánager y lo quitó. Trajo a José Ramón López a lanzarle a Manuelillo López, gran chocador y buen bat. Manuelillo pegó un doble y nos fuimos arriba por una carrera, pues anotamos los dos. Los siguientes bateadores los sacó en fila.

UNA DECISIÓN DE TONY CASTAÑO

Vino la novena y última oportunidad para el Monterrey. Sparks inició con sencillo, entra el mánager Castaño y le dice a Quiroz: “Tú lo ganas y yo lo pierdo. Te voy a dejar”. Y salió del terreno.

El bateador en turno era Rigo Mena, quien bateaba arriba de .300. Le dio cuatro fouls seguidos hasta que lo puso en 3 y 2. El siguiente lanzamiento la sacó del parque y perdimos.

Por eso este deporte es impredecible. “El Guajiro”, con un relevo infame, fue el ganador y Quiroz, después de ponchar a 12, fue el perdedor.

Ronnie Camacho está en la historia de los Leones de Yucatán

SU LLEGADA A LOS TIGRES

Ya en la agonía de mi carrera, fui rescatado por Alejo Peralta y llegué a Los Tigres. “Chito” García el manager-gerente, me usaba como bateador emergente contra lanzadores zurdos, diciéndole a Peralta. “A Ronnie lo tengo para los momentos difíciles contra los zurdos, porque a los derechos no les batea. ¿ Qué les parece?

Siempre lo he dicho, el béisbol es luz y sombra. Los años que estuve en esa organización, viví experiencias inolvidables. Los últimos jonrones de mi carrera los bateé con ellos.

“Acompáñame al home plate a dar los line ups”, me dijo “Chito”. Cuando llegamos les dice a los umpires: “A ver si no tienen problemas hoy. Hoy va a dirigir Alejo, mírenlo allá está uniformado, así es qué, para que sea strike, tiene que ser foul”.

Tomás Herrera era el mánager de los Pericos de Puebla. Le dice a “Chito”: “¿Y también te escribe los lineups?” ¿También te envía a embroncarte con el umpire, reclamándole el conteo o alguna otra jugada de apreciación? Hay que ver qué te va a mandar a hacer hoy el jefe Alejo”.

Y “Chito” le contestó con abierta sonrisa:

“No soy tan pendejo para pelearme con el cocinero”.

EMERGENTE POR ORDEN DE ALEJO PERALTA

Y cómo el destino señaló, en ese partido me llamaron a batear de emergente. Perdíamos 5 a 4, con dos outs, dos en las bases, cierre del noveno. El manager Herrera pidió tiempo y sacó a José Peña y jaló por el zurdo Francisco Martinez para pitchearle a Esquivias. Fue cuando Alejo me gritó desde el dugout: “Hey Ronnie, agarra un bat y batea por Esquivias”.

Llegué rápido a la caseta y fui por el bat que guardaba celosamente. Era un “Anáhuac” con mi firma. Me encaminé al home, le di el cambio al umpire y me acomodé en la caja de bateo. Herrera me observaba desde el dugout contrario, como si presintiera algo. En el bulpén de los Pericos calentaba un derecho. Era Felipe Leal.

Al primer lanzamiento le di jonrón al zurdo y los dejamos en el terreno. Habíamos ganado un dramático partido.

Esa noche jamás la olvidaré. Todos los jugadores se formaron en la línea de cal de tercera base y me recibieron felices. Eran muchachos jóvenes, prometedores, que después fueron estrellas del equipo.

“¿Ya ves, pendejo, cómo se dirige?”, le dijo un eufórico Alejo a “Chito”.

En el dugout del Puebla, Tommy Morales (uno de los periodistas más reconocidos del béisbol nacional) le preguntó a Herrera: “¿Cómo viste eso de Ronnie? Bateó su jonrón 311”.

El “Sargento metralla” respondió:

“Caray, Tommy, nunca pensé que lo fueran a meter de emergente”. Morales le dijo luego: “Ahora te ha dado una noche amarga que no olvidarás”.

Ya siendo mánager de los Tigres, jugábamos en Córdoba, Veracruz, ante un lleno total. En la sexta entrada, Preciado batea hit, Benny Escalante se embasa en error, Zamudio recibe la base, Ponce con hit produce una, Celerino da rola y fuerza a Escalante en home. Viene el zurdo Carlos Garza. El mánager, Toche Peláez, saca a Pablo Gutiérrez Delfín, que relevaba a Reyes, y trae al zurdo Abel Armas para lanzarle a Garza. Pido tiempo y entro de emergente. Rápido me pusieron en dos strikes sin bola. Al siguiente lanzamiento me quiso sorprender con una recta por el centro y le di jonrón con tres en las bases. Ganamos 7-1.

Tal vez pensó que, como iba frío de la banca, me sacaría fácil. El encuentro lo ganó Alfredo Meza, lo perdió Javier Reyes y mi jonrón 316.

Y como nunca falta un cronista despistado, me encuentra al subirme al camión con su grabadora y me dice: “Oiga Ronnie, dicen que el enfermo se alivia para morirse”. De inmediato me puse en guardia y con una agilidad mental asombrosa le contesté: “Es verdad, pero, por si no sabías, yo ya estoy muerto desde que salí de Yucatán”.- RONALDO “RONNIE” CAMACHO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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